De café y Películas

Hace relativamente poco en mi trabajo trajeron una  máquina expendedora de café. Hasta ese momento el  café para nosotros era totalmente gratis, en la cocina teníamos una cafetera, con café y azúcar a nuestra disposición, también había sobres de té para el que prefiriera esa bebida.

Cuando llegó la máquina expendedora, llegaron más opciones, ahora además de tomar café, podíamos elegir cappuccino y chocolate caliente, cualquiera de las tres opciones nos iban a salir solamente $6. Desde la dirección, además de dar la noticia formal, avisaron que el café, el azúcar y la cafetera iban a seguir siendo parte de la empresa como lo fue siempre.

Pasaron los días y nos fuimos adaptando al cambio. Se podría decir que la mayoría optó por la expendedora nueva, aunque algunos pocos, muy de vez en cuando iban por un café de la cafetera. Más que nada, a los que la cocina les seguía quedando más cerca.

Yo en particular tomaba un té en la mañana y en la tarde me tomaba un café,  que no es mi bebida predilecta, pero era lo más cercano y gratis que tenía para levantarme un poco en las últimas horas de trabajo. Cuando vino la máquina expendedora mi espectro aumentó, empecé a disfrutar de un vaso de chocolate caliente todas las mañanas y otro de cappuccino en las tardes. El precio no me molestaba y la calidad de ambas bebidas era muy buena. Todo iba muy bien hasta que un día la máquina nueva se agotó por primera vez.

Al principio, el mantenimiento era malo, nadie estaba realmente encargado de reponer los vasos ni la mezcla de los recipientes para el chocolate, el café y el cappuccino. Entonces los primeros días, como tuvo buena respuesta, el cappuccino y el chocolate se agotaron.

Lo interesante es el hecho de que el café de la máquina expendedora no se acabó y no hubo que rellenarlo, de hecho, más adelante en el tiempo, cuando se tuvo que rellenar por segunda vez, tampoco fue necesario rellenar ese recipiente.

¿Por qué pasaba esto? ¿No había sido un éxito? ¿Por qué al cappuccino y al chocolate le iba tan bien y al café tan mal? La respuesta es obvia, café teníamos gratis y nunca dejamos de tener, nadie en su sano juicio tiraría aunque sea 6 pesos en algo que se puede obtener  gratis. Sin embargo nos abalanzábamos, y aún lo hacemos, por lo nuevo, por lo Premium, por lo que una simple cafetera no nos puede dar.

Esto sucedió la misma semana en que Netflix desembarcaba en América Latina por 8 dólares al mes, y junto con  ella, la discusión de qué tanto funcionaría en esta zona del mundo teniendo como competencia directa a Cuevana, una web que a simple vista ofrece el mismo servicio pero de forma totalmente gratuita.

Es fácil entender entonces por qué a la cafetera la bauticé como Cuevana, y a la máquina expendedora de café le puse  Netflix, la misma disyuntiva que estaba sucediendo en el ciberespacio sobre estos dos servicios, estaba ocurriendo en mi oficina, justo en frente de nuestros ojos pero materializado en café (y chocolate).

Incluso la cafetera cambió su diseño últimamente, como lo hizo Cuevana, ahora es más grande,  más tecnológica, tiene más botones, más funciones, produce más café y más rápido, pero sigue dando el mismo café que antes, sin más ni menos.

Pero si salimos de la metáfora y volvemos a la vida real (que en este caso es la digital) Netflix está lejos de ser la gran máquina expendedora que tengo en el trabajo. Aún está en pañales en esta zona del planeta, por ejemplo tiene poca cantidad de películas y series para ofrecer. Tiene alguna mejora en cuanto a la estabilidad de sus servidores y la respuesta rápida ante cualquier problema, es decir que es mejor en su mantenimiento, a diferencia de lo que pasaba con nuestra máquina y a diferencia de lo que pasa actualmente con Cuevana, en donde cada tanto, y en particular en “horas pico” encontramos el sitio caído.

Pero  en este momento Netflix no nos está ofreciendo ese chocolate caliente que queremos en la mañana o ese cappuccino bien espumoso que tomamos en la tarde, por ahora nos está dando el mismo café que Cuevana, más caro e incluso de peor calidad. Netflix ahora sería una máquina expendedora de café a la que se le acabó el cappuccino y el chocolate.

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Comments
3 Responses to “De café y Películas”
  1. Ruy says:

    Es increíble que no estés en la maestría, hay cada proyecto estúpido e inútil; deja que desear los criterios de la UdelaR a veces.
    En fin, lo importante es que sigas con la investigación que está más que interesante. Por lo menos para mi, que la seguiré sin perder paso.

  2. natalia natalia says:

    Te quiero *mientras te toco el pelo*

  3. Boglia says:

    Me emocione!

    Solo te falto algo, Cuevana (maquiena de cafe) tambien de la hora.

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